Criminalidad y democracia: la encrucijada latinoamericana
El dramático asalto y toma de rehenes de un canal de televisión en Guayaquil en 2024, el asesinato de candidatos a la presidencia en Colombia y Ecuador, así como motines carcelarios, y escaladas de violencia homicida son algunas de las expresiones más públicas del impacto de la criminalidad en América Latina. Pero junto a esas manifestaciones que reciben amplia cobertura mediática, el crimen organizado, y diversas formas de ilegalidad, están transformando, también de manera soterrada, la vida social, económica y política de las sociedades latinoamericanas. Lo que hace décadas parecía un fenómeno periférico, circunscrito al narcotráfico en zonas geográficas acotadas como el Triángulo norte (México y Centro América), Colombia y el Caribe anglófono, hoy se extiende a decenas de rubros de economías ilícitas -desde el tráfico de personas a la minería ilegal hasta el cibercrimen y la corrupción- a todos los rincones del continente.