Llegó Arthur Kahn… ¡y esto se puso interesante! (II)
En la columna anterior se analizó la magnitud de los aportes de Luis Roche, un caraqueño hijo de inmigrantes franceses que, tras culminar sus estudios de primaria y secundaria en París, regresó a Venezuela para incorporarse al negocio familiar: la tienda de telas “Almacenes Roche”, ubicada de Gradillas a San Jacinto. Entre cortes de lino, algodón, popelina y casimires, un día la familia tomó una decisión crucial: respaldar financieramente las ideas y planes de inversión de Luis Roche, quien no había cursado estudios universitarios de arquitectura ni urbanismo. Aun así, se propuso desarrollar en Caracas diversas urbanizaciones durante la primera mitad del siglo XX. Supo además rodearse de algunos de los mejores talentos de la época, como el arquitecto catalán Manuel Mujica Millán —responsable de los diseños de La Florida— y Arthur Kahn, a quien recurrió para el desarrollo del edificio Altamira.