El rol inaguantable de ser un espectador forzado: la Venezuela del pacto y la parálisis
Venezuela, en este convulso mayo de 2026, parece haber quedado atrapada en un guion escrito en despachos extranjeros y ejecutado por rostros conocidos que solo han cambiado de maquillaje. Tras la captura de Nicolás Maduro en enero, la sensación inicial de quiebre histórico —ese suspiro de alivio que recorrió el espinazo del país— se ha disuelto en una realidad pegajosa y amarga: la instauración de una presidencia interina bajo la figura de Delcy Rodríguez. Hoy, el ciudadano venezolano no es el protagonista de su propia liberación, sino un espectador forzado de un pacto de conveniencia entre el pragmatismo mercantilista de Donald Trump y el instinto de supervivencia de una estructura de poder que ha demostrado una capacidad camaleónica para mutar y permanecer.