Cumbre Iberoamericana o del Grupo de Puebla
La XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, que tendrá lugar en nuestro país en noviembre de este año, empieza con mal pie después de que, como publica ABC, algunos países amaguen con no acudir a la cita por la invitación de España a la dirigente venezolana Delcy Rodríguez. Los incendios diplomáticos que está generando su presencia –y que intenta apagar desesperadamente el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares– otorgan una nueva y desagradable perspectiva sobre el papel de nuestro país en Iberoamérica. Hablamos de una posición depauperada, cuando no directamente cuestionada, por muchas de las principales democracias de la región. Es evidente, como aquí se plantea de manera clarificadora, que el prestigio de España está sufriendo por las nuevas y peligrosas alianzas del Gobierno de Pedro Sánchez. Una cumbre en la que falten países con gobiernos democráticos y, en cambio, estén presentes dictaduras como la venezolana es la medida de dónde estamos como nación: más cerca de regímenes totalitarios de izquierdas que nunca, como se empeña en demostrar el Ejecutivo con sus actos.