Del rojo a la democracia productiva
Quién se iba a imaginar que luego de ver el valle de Caracas arder y temblar, mientras un hombre autopercibido como un sultán caribeño bananero, que había perdido la mínima sindéresis tan necesaria y la prudencia, y que pretendía gobernar de forma vitalicia, era puesto prisionero y presentado ante un tribunal estadounidense —sin entrar en otras consideraciones—, estaríamos hoy a las puertas de una apertura petrolera sin precedentes, tutelada por Estados Unidos. Nos encontramos en medio de un tránsito hacia la libertad luego de más de dos décadas y media de pérdida de la institucionalidad; un largo periodo de oscuridad que tuvo uno de sus hitos más altos de crueldad en el último quinquenio, bajo el signo del latrocinio y la incompetencia roja, dejando un país en ruinas pero con la voluntad intacta.