Rusia y Ucrania hablan de paz, pero ni siquiera se ponen de acuerdo sobre dónde sentarse a la mesa. Mientras Moscú se presenta como dispuesto a un acuerdo “basado en marcos previos”, Kiev exige parar primero las bombas y liberar a los prisioneros.
Moscú: paz sin detener la guerra
La prensa alineada con el Kremlin subraya que “Putin dice que Rusia está lista para un acuerdo de paz con Ucrania”1. Según esta versión, el mandatario ruso estaría dispuesto a “llegar a un acuerdo… por medios pacíficos” y a “aceptar compromisos” dentro de un esquema ya discutido con Washington en Anchorage en 20251.
El relato oficial añade gestos de aparente apertura: Zelenski “es bienvenido en Moscú en cualquier momento” para hablar directamente con Putin, señala el portavoz Dmitri Peskov, insistiendo en que Rusia “sigue lista” para una solución negociada mientras continúan las operaciones militares1.
Kiev: alto el fuego primero, y en terreno neutral
Desde la oposición, el foco está en la carta abierta de Volodímir Zelenski, descrita como “la carta de Zelenski a Putin que elevó la presión para terminar la guerra”2. En ella, el presidente ucraniano plantea un cese el fuego inmediato y negociaciones directas, con participación de la UE y EE.UU., pero en un país neutral como Suiza o un Estado árabe, “no en Moscú ni en Kiev”2.
Zelenski pone condiciones claras: primer paso, “un cese el fuego y un intercambio de prisioneros empezando por los civiles y por los niños secuestrados por Rusia”2. Y sube la apuesta política: le recuerda a Putin que “esta guerra es su decisión personal, una guerra sin razón verdadera” y le advierte que, si no la detiene, acabará “luchando no por la existencia de Rusia sino por su propia existencia”2.
Coincidencias mínimas, desconfianza máxima
Ambas narrativas coinciden en algo: hablar de paz y admitir que el otro líder debe sentarse en la mesa. Pero divergen en todo lo esencial: lugar, secuencia (¿primero negociar o primero callan las armas?) y, sobre todo, en quién carga con la culpa de una guerra que ambos dicen querer terminar, pero ninguno parece aún dispuesto a cerrar en los términos del otro.