La Asamblea Nacional venezolana quiere más campo en el centro del poder… pero, de momento, solo se escucha una voz: la oficialista. La creación de una nueva Comisión Permanente de Agricultura y Tierras se vende como gran reforma estructural, aunque el debate plural aún brilla por su ausencia.
Lo que dice el chavismo: modernización y prioridad al agro
Desde la bancada oficial, la movida se presenta como una actualización necesaria del andamiaje parlamentario. Jorge Rodríguez pidió formalmente reformar el Reglamento Interior y de Debates para sumar una Comisión Permanente específica de Agricultura y Tierras, hoy ausente entre las 15 comisiones existentes.1
Según la Agencia Venezolana de Noticias, la propuesta ya fue remitida a la Comisión de Finanzas y Economía, encargada de elaborar el informe que permitirá votar la reforma y “eventualmente” incorporar la nueva instancia al organigrama legislativo.1 El mensaje: el agro debe dejar de ser tema residual y pasar a tener ventanilla propia y prioritaria.
Otro medio afín, LaIguana.TV, subraya que la comisión buscaría “dar un tratamiento prioritario y especializado” a la producción agropecuaria y al “desarrollo productivo del campo venezolano”, en un espacio “autónomo de debate y legislación para el sector agrícola”.2
Lo que falta: contraparte, cifras y control
Mientras el relato oficial habla de especialización, quedan vacíos clave: no hay voces opositoras citadas, ni productores, ni expertos que evalúen si una comisión más resolverá problemas crónicos como financiamiento, acceso a insumos o inseguridad rural.
Tampoco se discute si la nueva instancia tendrá dientes de control sobre la gestión agrícola del Ejecutivo, o si será otra comisión simbólica en un Parlamento ya saturado de estructuras pero corto de resultados verificables.
En la narrativa oficial, la reforma es avance institucional. En la comparación con estándares de transparencia y pluralismo, sigue pareciendo un monólogo que promete mucho al campo… sin todavía rendirle cuentas.