La cobertura de ambos bloques coincide en que entre el 18 y el 29 de abril se ejecutó una operación internacional para retirar de manera segura todo el uranio altamente enriquecido asociado al antiguo reactor experimental RV-1 del IVIC, inactivo desde 1991. Se reporta que se extrajeron alrededor de 13–13,5 kilogramos de uranio altamente enriquecido, bajo la coordinación técnica del OIEA y con participación de agencias de Estados Unidos y el Reino Unido, así como de autoridades venezolanas, siguiendo estrictos protocolos de seguridad física y radiológica en el traslado terrestre y marítimo. Ambas narrativas señalan que el material fue llevado primero a Puerto Cabello como punto clave de salida y que el reactor, único de su tipo en Venezuela y uno de los primeros en Latinoamérica, quedó completamente desmantelado según estándares internacionales. También hay acuerdo en que esta acción elimina un potencial riesgo de proliferación nuclear, se enmarca en compromisos de no proliferación y fue presentada públicamente como una operación compleja, planificada y exitosa.
Los dos grupos de medios ubican el hecho en el contexto de los tratados internacionales de no proliferación nuclear y del rol del OIEA como supervisor técnico y garante del cumplimiento de dichos compromisos. Sitúan al RV-1 como un reactor de investigación que había concluido su ciclo operativo hace más de tres décadas, conservando sin embargo material nuclear que debía ser gestionado conforme a normas actualizadas de seguridad global. Coinciden en destacar que la cooperación multinacional, incluyendo a Estados Unidos y el Reino Unido, responde a programas de reducción de riesgos nucleares y al interés compartido de evitar que material sensible permanezca vulnerable en zonas inestables. Asimismo, ambas coberturas relacionan la urgencia de la operación con un ataque militar ocurrido en enero cerca de las instalaciones del IVIC, lo que llevó a priorizar el retiro del material a fin de minimizar amenazas para la región.
Áreas de desacuerdo
Narrativa sobre liderazgo y protagonismo. Los medios de oposición presentan la operación principalmente como un éxito liderado por Estados Unidos y sus socios, destacando a la NNSA, el Departamento de Estado y la cooperación técnica internacional como motores de la iniciativa. En cambio, los medios alineados con el gobierno subrayan el rol de las instituciones venezolanas y del IVIC, resaltando que el país cumplió soberanamente sus obligaciones y coordinó con el OIEA. Mientras la oposición suele encuadrar a las autoridades nacionales como actores secundarios que se limitaron a permitir la operación, la prensa oficialista las describe como coproptagonistas que gestionan responsablemente su patrimonio nuclear.
Enfoque en riesgos y vulnerabilidades. La cobertura opositora enfatiza el retiro como corrección de un riesgo acumulado por años, sugiriendo negligencia previa y resaltando el peligro que suponía mantener uranio altamente enriquecido en un contexto de inestabilidad y ataques militares cercanos. Los medios gubernamentales reconocen la urgencia tras el ataque, pero ponen el acento en que el reactor y el material siempre estuvieron bajo resguardo institucional adecuado, presentando la operación como una actualización técnica más que como rectificación de fallas. Así, la oposición utiliza el episodio para ilustrar fragilidad y precariedad del Estado, mientras el oficialismo lo emplea para proyectar imagen de control y capacidad de respuesta.
Caracterización de la relación con Estados Unidos. En la narrativa opositora, la cooperación con Washington se describe como un ejemplo positivo de coordinación con potencias democráticas y como muestra de que el país depende de apoyo externo especializado para garantizar seguridad nuclear. La prensa alineada con el gobierno, aunque menciona la participación estadounidense y británica, procura enmarcarla dentro de esquemas multilaterales del OIEA y de compromisos de no proliferación, evitando sugerir subordinación a Estados Unidos. Mientras los primeros interpretan el envío del uranio a territorio estadounidense como garantía de manejo profesional y transparente, los segundos lo presentan como parte normal de los acuerdos internacionales sobre combustible nuclear usado.
Uso político del hecho. Los medios de oposición tienden a vincular la operación con críticas más amplias al chavismo, utilizándola como ejemplo de cómo el país ha terminado entregando activos estratégicos o dependiendo de terceros para gestionar riesgos generados por mala administración. Los medios oficialistas, por su parte, integran la noticia en un relato de cumplimiento de estándares internacionales y defensa de la paz regional, sin admitir fallas estructurales de la gestión energética o científica. Así, mientras la oposición extrae del episodio argumentos sobre decadencia institucional y desprotección de infraestructuras críticas, la prensa gubernamental lo incorpora a un discurso de responsabilidad estatal y cooperación soberana.
In summary, Opposition coverage tends to resaltar el liderazgo extranjero, subrayar las vulnerabilidades acumuladas y usar la operación como prueba de negligencia y dependencia del gobierno venezolano, while Government-aligned coverage tends to enfatizar el papel soberano del Estado, presentar la cooperación como cumplimiento responsable de compromisos internacionales y minimizar la idea de que el episodio revele fallas profundas en la gestión del material nuclear.