História
junho 30, 2026
Asesinado el concejal chavista Enyer Castillo en Zulia
El concejal del PSUV Enyer Castillo fue asesinado a tiros por sicarios en motocicleta en un bar del municipio Jesús María Semprún, estado Zulia. Las autoridades informaron que uno de los presuntos responsables fue detenido, mientras que el segundo implicado se encuentra prófugo.
Un concejal chavista acribillado en una frontera plagada de irregulares y drogas, un gobernador que pide verlo como “hecho aislado” y una oposición mediática que lo enmarca en un territorio tomado por la guerrilla: el asesinato de Enyer Castillo en Zulia es, sobre todo, una batalla de relatos.
Dos balas, una versión oficial
Los hechos básicos no se discuten: el concejal del PSUV en Jesús María Semprún, Enyer Castillo, fue asesinado la noche del 17 de junio dentro del local Mansos Pool & Bar, en el sector San José de Casigua El Cubo, cuando veía el partido entre Colombia y Uzbekistán del Mundial de Fútbol.12 Dos hombres armados irrumpieron en el bar y abrieron fuego; uno de ellos, identificado como Miguel Alexander Colmenares (21 años), fue reducido por los presentes y detenido por la policía, mientras su cómplice huyó en moto y sigue prófugo.23
Desde el chavismo regional, el gobernador Luis Caldera se apuró en blindar políticamente el caso. Aseguró que “los autores materiales e intelectuales del asesinato fueron detenidos” y que el crimen está “policialmente resuelto”, a la espera de revelar el móvil.1 Y, sobre todo, marcó la línea: “es un hecho aislado, no tiene nada que ver con la situación fronteriza ni con Colombia”.1
La frontera que la oposición no deja fuera del cuadro
Los medios opositores pintan otra escena. Subrayan que Jesús María Semprún es “una zona asediada por grupos irregulares”, donde hace apenas un mes una ola de violencia dejó al menos siete hombres muertos, entre ellos indígenas barí y un presunto guerrillero de las FARC.2 Detallan que el municipio es bastión del ELN, que actúa como “autoridades paraestatales” tras mover sus centros de producción a zonas remotas de Venezuela, empujado por operativos en Colombia.2
Mientras fuentes ligadas al caso filtran que el sicariato habría sido “ordenado desde Colombia”,1 la narrativa oficial intenta cortar ese cordón umbilical. Entre una frontera que huele a guerra irregular y un gobierno que jura que todo es un episodio aislado, el asesinato de Castillo revela algo más incómodo: el poder en Zulia se disputa a tiros… y también a versión limpia.