História
junho 30, 2026
Denuncian que el preso político Rolando Guevara se encuentra en delicado estado de salud
La abogada Jackeline Sandoval y la ONG Clippve denunciaron el delicado estado de salud del preso político Rolando Guevara, quien sufre mareos intermitentes desde enero. Según las denuncias, el Estado le ha negado atención médica adecuada, poniendo su vida en riesgo.
La salud de Rolando Guevara, preso político por el caso Danilo Anderson, se ha convertido en un nuevo campo de batalla entre ONG, familiares y un Estado que, al menos públicamente, guarda silencio. Mientras las alertas hablan de “riesgo crítico”, el gobierno no ofrece versión ni resultados médicos.
Denuncias: del “estado sumamente delicado” a la “pena de muerte indirecta”
Desde el frente opositor y de derechos humanos, el diagnóstico es contundente: Guevara está en “estado sumamente delicado” y sin atención médica efectiva.1 Su esposa y abogada, Jackeline Sandoval, sostiene que los mareos intermitentes comenzaron en enero y que el Estado se ha negado a brindarle la evaluación especializada que requiere.1
El Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (Clippve) describe un deterioro progresivo de su salud y acusa a las autoridades de haber hecho “oídos sordos” a sus síntomas, responsabilizando al Estado “de la vida y la integridad física de Rolando Guevara”.2 La ONG va más lejos y habla de una “pena de muerte indirecta” ejecutada de forma pasiva, al advertir que parecería que se espera “a que su condición sea terminal para brindarle asistencia, o que el desenlace fatal es el objetivo real”.3
Contraste: presión internacional vs. mutismo oficial
Organizaciones y abogados sostienen que, además de la omisión médica, el Estado estaría desacatando una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ordena medidas de protección para Guevara y sus familiares.23 Mientras Clippve y la defensa piden cumplimiento “inmediato” de esas disposiciones, el gobierno no ha ofrecido parte médico, ni explicación sobre las condiciones de reclusión, ni sobre el acceso a especialistas.
En la práctica, el contraste es brutal: de un lado, familiares y ONG que describen un cuadro clínico grave y un patrón de castigo político; del otro, un Estado que, con su silencio, alimenta la percepción de que la cárcel también funciona como sala de espera para un posible desenlace fatal.