Storia
4 nov 2026
Portugal apuesta por Venezuela mientras el Gobierno promete una potencia económica para 2040
Caracas presenta la reapertura de AICEP y la llegada de empresas portuguesas como el inicio de una nueva etapa, mientras la oposición cuestiona las promesas oficiales de crecimiento y transformación económica.
La reapertura en Caracas de la Agencia Portuguesa de Comercio e Inversión (AICEP) marca, para ambos gobiernos, el comienzo de una nueva fase económica. Lisboa llegó con una delegación de más de 30 empresas y ofreció cooperación en construcción, energía, alimentos, turismo, tecnología y salud. El ministro Manuel Castro Almeida definió la oficina como un mecanismo para «identificar oportunidades de inversión, facilitar contactos y promover alianzas» con el empresariado venezolano.1
La lectura oficial venezolana es más ambiciosa. Delcy Rodríguez presentó el Foro Empresarial Portugal-Venezuela como el cierre de una etapa golpeada por el «bloqueo económico» y el arranque de un nuevo ciclo de cooperación. Aseguró que el país registró un aumento del 23 % en su capacidad de consumo durante los últimos 12 meses y prometió convertirlo en una potencia económica diversificada, con un programa que se extendería hasta 2040.2
Portugal, por su parte, combina el interés comercial con un mensaje de respaldo institucional. Castro Almeida afirmó que su país quiere contribuir a la «estabilidad, recuperación y modernización» de la economía venezolana, y destacó los lazos históricos de la comunidad portuguesa en el país. También recordó la ayuda humanitaria enviada tras los sismos de junio.3
La oposición coincide en que la misión empresarial y la reapertura de AICEP abren una etapa distinta, pero describe el anuncio desde una óptica crítica: califica a Rodríguez como «gobernante encargada» y presenta el plan de 2040 como una promesa oficial pendiente de resultados. Su relato también subraya que las sanciones y el bloqueo afectaron durante años la relación bilateral.4
El punto de encuentro es claro: Caracas y Lisboa quieren recuperar comercio e inversión. La diferencia está en el diagnóstico y las expectativas: el Gobierno habla de despegue y soberanía económica; la oposición exige que las cifras y los planes se traduzcan en una recuperación verificable.