Storia
giugno 30, 2026
Familiares de presos políticos mantienen vigilia frente a la Embajada de EE. UU. en Caracas
Familiares de presos políticos en Venezuela llevan más de una semana realizando una vigilia frente a la Embajada de Estados Unidos en Caracas. Los manifestantes buscan que las autoridades estadounidenses intercedan para lograr la liberación de sus seres queridos.
Familiares de presos políticos venezolanos han convertido la acera frente a la Embajada de EE. UU. en Caracas en un campamento de presión internacional… pero el silencio diplomático compite con el silencio de las cárceles.
La calle: protesta indefinida, fe y desgaste
Los familiares se han declarado en vigilia permanente: “protesta por tiempo indefinido” cerca de la sede diplomática, donde acumulan ya más de una semana durmiendo en carpas y encendiendo velas por los detenidos.1 El lema es claro: “No nos moveremos hasta obtener respuestas”.2
Para ellos, no se trata solo de reclamar libertades puntuales, sino de mantener encendida la causa general de los presos políticos. “Las familias de los presos políticos siguen resistiendo. No se rinden ante el silencio, la incertidumbre ni la injusticia”, señala un mensaje amplificado por la dirigente opositora María Corina Machado.
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Desde el 7 de junio, las noches se llenan de oraciones, mensajes de aliento y llamados a la solidaridad internacional, con la promesa de no abandonar la lucha “hasta que el último detenido recupere su libertad”.4 “Esto no es por un grupo ni por un número, sino por todos”, remarcó una de las voceras al cumplir ocho días de vigilia.1
Washington: receptor atento… pero mudo
La paradoja está del otro lado de la reja. Los funcionarios de la embajada recibieron un documento con nombres, expedientes y necesidades médicas de los presos y se comprometieron a elevarlo al encargado de negocios John Barrett, pero “hasta la fecha no han recibido ninguna respuesta”.2 Una camioneta diplomática se limitó a tomar fotos del campamento, sin hablar con los presentes.2
Mientras los familiares piden que EE. UU. “exija la liberación” y presione a la administración de Delcy Rodríguez,1 el gobierno norteamericano, al menos públicamente, opta por el perfil bajo: escucha, registra, pero no se pronuncia.
Historias emblemáticas: el caso Girón
En medio del plantón sobresale el expediente del mayor del Ejército César Alejandro Girón Contreras. Su familia denuncia que “no hay pruebas en su contra” y que fue detenido dos veces hasta que le impusieron cargos bajo investigación militar.5 El Nacional detalla que se le imputan delitos de traición a la patria e instigación a la rebelión tras lo que sus allegados describen como una “desaparición forzada” de 38 días.6
El hijo de Girón nació mientras ambos padres estaban presos; la madre, la sargento Milagros Molina, fue excarcelada “gracias a la presión nacional e internacional”, pero él sigue recluido.56
Coincidencias y contrastes
Todos los relatos opositores coinciden en tres puntos: los detenidos son “trabajadores honestos”, presos por motivaciones políticas;1 la justicia militar se usa como garrote; y la llave real de las excarcelaciones no está en Caracas, sino en Washington. Hay matices: unos ponen el acento en la dimensión espiritual de la vigilia; otros, en casos concretos como el de Girón; y el activismo político en redes busca encuadrar la protesta como símbolo de resistencia nacional.3
En la práctica, sin embargo, todos chocan contra el mismo muro: un régimen que dilata y una potencia extranjera que todavía no pasa del gesto simbólico a la presión visible.