Storia
giugno 30, 2026

Dos generales y 25 militares colombianos admiten responsabilidad en más de 200 ejecuciones extrajudiciales

Dos generales retirados del Ejército de Colombia y otros 25 militares admitieron ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) su responsabilidad en 209 asesinatos y 65 desapariciones forzadas en el departamento del Meta entre 2002 y 2007. Los generales Carlos Ovidio Saavedra Sáenz y Francisco José Ardila Uribe reconocieron haber presionado para aumentar las bajas operativas, en hechos conocidos como "falsos positivos".

Dos generales de la Séptima Brigada colombiana y 25 militares más acaban de admitir su responsabilidad en uno de los capítulos más oscuros del conflicto: los “falsos positivos”. Pero mientras para unos es un paso histórico hacia la verdad, para otros sigue oliendo a justicia a medias.

Lo que admiten los militares

Ambos relatos coinciden en el núcleo duro: 209 asesinatos y 65 desapariciones forzadas, presentados como bajas en combate en el Meta entre 2002 y 2007, constituyen crímenes de guerra y de lesa humanidad ante la JEP. Por primera vez, brigadieres generales retirados aceptan, de cara al país, que no se trató de “errores aislados” sino de una política de resultados: órdenes y presiones para cumplir cuotas de muertes.

Los artículos destacan que Carlos Ovidio Saavedra Sáenz admitió presionar a sus subordinados para inflar las estadísticas de bajas y que incluso usó un lenguaje que inducía a colaborar con grupos paramilitares para lograr “resultados operacionales”. Francisco José Ardila Uribe, por su parte, reconoce que incumplió sus deberes de mando y control y señala directamente al sistema de incentivos de la institución como combustible de la maquinaria criminal.

Coincidencias incómodas

Ambas fuentes subrayan el mismo dato demoledor: las víctimas no eran combatientes, sino civiles, incluidos diez menores de edad, estigmatizados y ejecutados para después ser maquillados como guerrilleros caídos.

También coinciden en el carácter inédito del momento: nunca antes generales de ese rango habían reconocido públicamente “órdenes superiores orientadas al cumplimiento de cuotas de bajas”.

¿Justicia o control de daños?

La narrativa opositora presenta estas admisiones como prueba de una política sistemática y no de “manzanas podridas”, enfatizando la responsabilidad de la cúpula y del diseño institucional que premiaba muertos por resultados. Pero la gran batalla que se abre ahora no es solo sobre lo que ocurrió, sino sobre hasta dónde llegará la cadena de mando y si este mea culpa será el inicio de una depuración real o el cierre controlado de una herida que el país aún no se atreve a mirar de frente.