Storia
giugno 30, 2026
Muere un recluso en la antigua cárcel de El Marite, elevando a 19 los fallecidos desde abril
El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) denunció la muerte de Alberto Rafael Solarte Cabrera, quien se encontraba bajo custodia estatal en el estado Zulia. Con este fallecimiento, la cifra de reclusos muertos en centros penitenciarios del país desde abril asciende a 19, evidenciando una grave crisis sanitaria en el sistema carcelario.
La muerte de Alberto Rafael Solarte Cabrera en la antigua cárcel de El Marite no solo engrosa una estadística macabra: expone, de nuevo, el choque entre lo que promete el Estado venezolano y lo que realmente ocurre tras las rejas.
OVP vs. la versión oficial ausente
Del lado de la sociedad civil, el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) habla sin rodeos: “Muerte de recluso en El Marite eleva a 19 los fallecimientos en cárceles venezolanas desde abril”.1 La organización contabiliza 19 fallecidos bajo custodia estatal desde abril de 2026, en recintos que van desde Fénix Lara y Tocuyito hasta Rodeo III, Rodeo IV y Yare III.2
Según el OVP, no se trata de hechos aislados sino de una “grave crisis sanitaria” en el sistema penitenciario, marcada por diagnósticos tardíos, falta de medicamentos y traslados hospitalarios que nunca llegan.3 El caso de Solarte, muerto en el Centro de Formación del Hombre Nuevo “Doctor Francisco Delgado”, es presentado como el último eslabón de una cadena de muertes evitables.1
Derechos en el papel, violaciones en la práctica
Los reportes coinciden en que el Estado viola sus propias normas: el OVP recuerda que las Reglas Mandela obligan a garantizar atención médica rápida en casos urgentes y que el artículo 83 de la Constitución consagra la salud como “un derecho social fundamental y una obligación del Estado”.2 Sin embargo, las cárceles “siguen acumulando presos enfermos, tratamientos interrumpidos [...] y muertes que pudieron evitarse”, advierte la ONG.2
Silencio oficial, presión creciente
Mientras el OVP exige investigación inmediata y medidas urgentes,3 del lado gubernamental reina el silencio: no hay parte oficial, no hay explicación pública, no hay asunción de responsabilidades. La brecha es clara: de un lado, organizaciones que documentan cuerpos y nombres; del otro, un Estado que en el papel se compromete a proteger la vida de los reclusos y en la práctica los deja morir.