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Miopías: Gente de agua
Llegué allí en 2003, huyendo por algunos días y al cabo de un mes no encontraba cómo salir. El puerto más cercano, El Volcán, estaba a ocho horas de navegación en el transporte de la alcaldía, que partía una vez por semana si se llenaba el cupo mínimo de quince pasajeros. Pero el uno por ciento de la población no se animaba a viajar siempre. Después de semanas de espera, me recomendaron hablar con Comiquito, un moreno curtido con bigotes de alambre. Comiquito nació en Tucupita y fue enviado a Guayo como maestro de escuela por un supervisor del ministerio que le agarró ojeriza y quiso trasladarlo al fin del mundo; al jubilarse él se quedó trabajando como contratista de la alcaldía. Cuando lo conocí estaba soldando el dique que contenía al pueblo y unos lentes de pantalla azul celeste decorados con un corazón de diamantes le protegían los ojos estrábicos de los chispazos del estaño. Él aceptó llevarme sin dar detalles y un miércoles a medianoche vino a buscarme en su lanchón, con otros seis hombres desconocidos a bordo. Había una luna inmensa como una torta de casabe y yo no tenía otra opción que subir al bote si quería volver a casa. Mis ojos miopes no lograban ver nada del recorrido pero el lanchero indígena sí era capaz de reconocer los bajos, las piedras y los troncos en el río oscuro. Me dormí sobre una nevera que Comiquito llevaba a reparar y en la mañana me despertó la noticia de que nos habíamos quedado sin gasolina y llegaríamos a El Volcán con la corriente, cuando el Orinoco nos expulsara hacia allá. Al menos no nos pasó lo que a Juan, comentó el lanchero. Juan era el capitán de un barco varado en el muelle de Guayo. Salió de pesca desde el puerto de Güiria, su bote naufragó en la desembocadura del Atlántico y una patrulla naval lo remolcó hasta Guayo, el puerto más cercano. Cuando sale el transporte de la alcaldía Juan se queda esperando que le traigan un repuesto para reparar su bote y no volver. Pero el repuesto no llega y en esa espera han pasado seis años.

TL;DR
- El narrador quedó atrapado en Guayo en 2003, con dificultades para salir por la escasez de transporte.
- Comiquito, un contratista local, accedió a llevar al narrador en su lancha a El Volcán.
- El viaje se vio interrumpido al quedarse sin gasolina en el río Orinoco.
- Se menciona la historia de Juan, un pescador varado en Guayo durante seis años esperando un repuesto para su bote.