¿Perdónanos, supéralo y vente? Prohibido olvidar

En 2026, estamos padeciendo los remanentes de un discurso que durante 27 años ha propagado la violencia, el avasallamiento, el resentimiento, el odio, el irrespeto y la indignidad. Un lenguaje que nació limitado a unos dogmas anacrónicos, conjeturas confusas, eslóganes y ficciones sin esperanzas de realización. Un lenguaje reduccionista que impuso los estrechos límites de la visión unilateral de Chávez y sus cómplices al resto de la sociedad. Un lenguaje destructivo y pervertido, debido a la ilegitimidad, indignidad, la mentira, la corrupción y la deshumanización del régimen, pues para lograrlo debieron recurrir a la fuerza bruta contra la voluntad de los otros, despreciando su dignidad, persiguiendo, torturando y asesinando a los disidentes, conduciendo al colectivo a espacios prepolíticos, presociales, primitivos. Pedir que superen y olviden lo que el mal radical les ha ocasionado es otro tipo de violencia contra las víctimas.

¿Perdónanos, supéralo y vente? Prohibido olvidar

TL;DR

  • El artículo critica la frase "perdónanos, supéralo y vente" como una imposición violenta a las víctimas de 27 años de discurso de odio y represión en Venezuela.
  • Se argumenta que el perdón cristiano requiere verdad, memoria y justicia, y que olvidar el daño o absolver automáticamente al culpable no es cristiano ni soluciona nada.
  • Se advierte contra el "perdón performativo", una falsa reconciliación que exige a las víctimas olvidar rápidamente para crear una narrativa de estabilidad, desviando la atención de las causas del daño y la responsabilidad de los perpetradores.
  • La expresión alemana "Niemals vergessen" (nunca olvidar) se presenta como un imperativo ético para recordar los crímenes y evitar su repetición, en contraste con el "perdón performativo".
  • Se concluye que perdonar sin abordar las raíces del mal, sin enjuiciar a los autores y sin justicia, no soluciona nada y puede ser dañino para las víctimas.