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Las redes sociales no son un juego
El reciente veredicto en Nuevo México contra Meta (la empresa matriz de Facebook, Instagram, WhatsApp, Messenger y Threads) debe ir más allá de la victoria histórica que determinó que la corporación había engañado a los consumidores sobre la seguridad y permitido que ocurrieran daños, incluida la explotación sexual infantil, contra sus usuarios, obligándola a pagar 375 millones de dólares en daños civiles. Esto es, sin duda, mucho más profundo y preocupante. El caso ha puesto al estadounidense Mark Zuckerberg y a la alta dirección de la empresa en el punto de mira por facilitar contactos arriesgados, manipular el comportamiento y exponer a los menores a graves daños en espacios digitales que la empresa presentó como seguros. El problema trasciende el contenido inapropiado; reside en el hecho de que el propio sistema lo difunde, lo promueve y lo normaliza.

TL;DR
- El veredicto contra Meta por engañar sobre seguridad y permitir daños, incluida la explotación sexual infantil, exige ir más allá de los 375 millones de dólares en daños civiles.
- La arquitectura de las plataformas está diseñada para captar la atención y prolongar la interacción, lo que facilita el acoso y el abuso, especialmente en menores.
- El modelo de negocio basado en la monetización de la atención y la adicción genera un conflicto directo entre la promesa de protección y la fuente de ingresos.
- Se necesita una política pública más fuerte que intervenga en el diseño de las plataformas para exigir verificación de edad efectiva, limitar el uso compulsivo y restringir recomendaciones automatizadas para menores.
- Europa, Reino Unido y Australia ya están tomando medidas, mientras que en Latinoamérica la regulación debe enfocarse en la ingeniería de producto y la opacidad algorítmica, no solo en la libertad de expresión.