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Pajarear para sanar
Por Ambiente: situación y retos En el Bosque de Niebla, a las afueras de Cali, un grupo camina en silencio para escuchar lo que, para muchos, se ha vuelto una receta contra la ansiedad: el canto de las aves. Un reportaje reciente de EL PAÍS cuenta cómo la observación de pájaros —el “pajareo”— empieza a consolidarse como terapia física y mental y, al mismo tiempo, como rubro económico en un país megadiverso. Esa historia, narrada desde Colombia, sirve como espejo para dos realidades conectadas por migraciones, cultura y clima: España y Venezuela. La primera ha profesionalizado el turismo de naturaleza con ferias, redes y estándares; la segunda conserva una de las avifaunas más ricas del planeta, pero enfrenta obstáculos duros (servicios, seguridad, financiamiento, institucionalidad ambiental). La pregunta útil no es “quién está mejor”, sino: ¿cómo convertir biodiversidad en bienestar sin destruirla?

TL;DR
- La observación de aves funciona como una terapia económica y de autocuidado, mejorando el estado de ánimo y promoviendo la atención plena.
- España ha profesionalizado el turismo ornitológico como palanca económica y de conservación, con programas y redes de apoyo.
- Venezuela tiene iniciativas como "Aves y Café" que conectan producción, conservación y mercado, y proyectos de agroturismo que valorizan el paisaje vivo.
- Para escalar estas experiencias en Venezuela se necesita mejorar la seguridad, accesibilidad, profesionalización, infraestructura y mercado turístico.
- El turismo de aves, bien gestionado, puede ser una herramienta de reconstrucción anímica, social y económica, especialmente en tiempos de crisis.