¿Ante quién respondemos?

Una pregunta que muchos eluden y otros evitan hacer. A dos instancias simultáneas, invisibles, distintas entre sí. La del espíritu y la plaza pública. Jurisdicciones que con asiduidad se ignoran, se confunden o se declaran en guerra. La dimensión moral rinde cuentas a la conciencia y, para los creyentes, a Dios. La política presenta su balance a su tiempo al ciudadano. Una juzga lo que somos, el alma; la otra registra lo que hacemos, nuestros actos. Y cuando se alejan, el abismo entre la intención y la consecuencia se vuelve crónico, iniciando la decadencia de las naciones.

¿Ante quién respondemos?

TL;DR

  • La dimensión moral juzga el ser (conciencia, Dios), la política juzga el hacer (ciudadano, tiempo).
  • La separación entre moral y política genera decadencia nacional.
  • La impunidad terrenal no exime del juicio de la conciencia y el tiempo.
  • La política juzga consecuencias, no intenciones; la historia archiva la verdad.
  • La tragedia surge cuando la moral abandona la política.
  • Venezuela es un ejemplo de las consecuencias de ignorar ambos tribunales.
  • La moral aislada en la intimidad es una virtud decorativa; la fe sin acción política es un pasatiempo.
  • La supervivencia social depende de personas que respondan ante la conciencia y la historia, ante Dios y el ciudadano.