La indecencia en el lenguaje político… «¡Exprópiese!»

Daisuke Inoue ha sido el hombre que ha cambiado mi vida familiar. Su gran invento, el karaoke (Japón, 1971), le ha dado vida y alegría a los cumpleaños y a los sancochos de domingo, con rancheras, fados, pasajes llaneros, todo el repertorio de Billo’s y porros colombianos, que se van desgañitando a pesar de los vecinos y de los más discretos de los presentes. Cada uno tiene sus propios éxitos y sus propios gallos, pero no hay sesión en la que mi prima no deje de cantar el tema estrella de la noche: "Rata de dos patas", de Paquita la del Barrio, con la que ella se venga imaginariamente del marido, del compadre o del mismo hado del destino que nos hizo ver cómo el país se desvanecía por la frontera y se quedaba mirando lejos y sin vista...

La indecencia en el lenguaje político… «¡Exprópiese!»

TL;DR

  • El karaoke, invento de Daisuke Inoue, ha traído alegría a reuniones familiares, a menudo con canciones que expresan desahogo o venganza.
  • Tradicionalmente, el discurso público y los medios de comunicación evitaban la vulgaridad, basándose en manuales de urbanidad y ética periodística.
  • En Venezuela, el discurso político ha transitado hacia un lenguaje más soez, especialmente a partir del chavismo, mientras que la oposición ha sido más conservadora, aunque también ha recurrido a temas populares.
  • Ejemplos históricos de políticos y figuras públicas que usaron lenguaje soez o coloquial demuestran que no es un fenómeno nuevo, pero su escala y normalización han aumentado.
  • Las redes sociales y la cultura "tiktokera" contribuyen a la exaltación de lo chabacano y el insulto, asociando a veces la grosería con autenticidad o "lenguaje del pueblo".
  • El insulto en la política degrada el lenguaje común, enciende pasiones, debilita el diálogo y fomenta la polarización ("nosotros" vs "ellos").
  • La deshumanización a través de metáforas degradantes puede llevar a respuestas más crueles hacia el adversario político.
  • Se critica la confusión de grosería con autenticidad, argumentando que esto envilece lo bueno y degrada la propia identidad.
  • Se hace un llamado a recuperar el buen decir, usando la palabra como puente y no como agresión, y a no dejar que artistas, políticos o influenciadores "expropien" el buen lenguaje.