Hacerme más humano

Miraba siendo niño las hojas del árbol y me agradaba verlas dar vueltas al caer venciendo al aire incapaz de sostenerlas, precipitándolas más bien en su caída libre sin oponer resistencia alguna, y sin darme cuenta, sin sentir frío o calor dentro de mí, me complacía aquel movimiento de hojas muertas desprendidas de las ramas. Resultaba inconcebible en tan temprana edad entender que yo mismo, a mi manera, también podía ser considerado como una hoja al viento destinada a caer desprendida del floreciente árbol del conocimiento. El brillante verdor de la naturaleza y la intensa luz de vida que se iniciaba en mi infancia parecían fusionarse dentro de mí. Allí estaban los árboles mostrando el encanto de un rumor que observaba y contaba mis pasos; ofreciéndome, sin yo saberlo, seguridad y confianza, sentimientos ignorados por el desapacible niño que fui mientras correteaba por el largo corral de mi casa sembrado de plantas corpulentas, seres vegetales leñosos de gruesos troncos y frutas maduras.

Hacerme más humano

TL;DR

  • La infancia del autor estuvo marcada por la fascinación por las hojas cayendo y la naturaleza circundante.
  • La muerte de una amiga de la infancia provocó un quiebre en su relación con la naturaleza, generando miedo y distanciamiento.
  • Intentos posteriores de 'enseñorearse' de la naturaleza resultaron infructuosos y ridículos.
  • Una relectura de su relación con la naturaleza a los 94 años llevó a la comprensión de que formar parte de ella y amarla es un acto de auto-glorificación y humanización.
  • El cuidado de helechos, especies introducidas en su época de nacimiento, simboliza su reencontrada conexión y auto-reconocimiento.