Hace unos años, antes del segundo mandato de Trump, se hablaba de tiempos de incertidumbre, porque no se conocía con certeza cuál sería el porvenir. Se basaban las especulaciones en el desarrollo de tecnologías, la evolución de los mercados financieros o la irrupción de nuevos países de gran poder económico, con base sólida en el petróleo o el gas, tan necesarios para el desarrollo económico e industrial del mundo, como está demostrando la guerra del estrecho de Ormuz entre Estados Unidos e Irán.La situación hoy parece más compleja. Por una parte, subsisten las incógnitas anteriores, pero hay elementos y datos nuevos. La tremenda dimensión que han cobrado las empresas propietarias de nuevas tecnologías, cuya zarpa alcanza no solo el mundo financiero o industrial, sino el político, espacial y la defensa.En el plano político, basta rememorar las fotografías de la toma de posesión de Trump en la que aparecen los dueños de las mayores empresas tecnológicas del mundo. Allí estaban todos. Los organizadores querían que tomáramos conciencia de su presencia.En el plano espacial, dos empresas parecen llevar la delantera a las demás: Space X (Elon Musk) y Blue Origin (Jeff Bezos). Sin ellas no parece posible que en el mundo occidental avancen más las expediciones al satélite y a los planetas más cercanos.En la defensa, Anthropic, Open AI y otras generan buena parte de los adelantos, hasta tal punto que las tensiones con el Pentágono han generado dificultades y tiranteces.Anthropic, fundada por antiguos miembros de Open AI, una de las empresas pioneras en inteligencia artificial, anunció que ha desarrollado un modelo de IA tan eficaz que en cuestión de minutos es capaz de descubrir debilidades y fallos ocultos en los sistemas informáticos y software de cualquier organización o empresa. Este modelo se denomina Mythos Preview y ha desatado preocupación e incluso pánico en todo el mundo entre dudas sobre su alcance real y la amenaza que supone para todos los gobiernos. La empresa ha decidido restringir el uso de Mythos a medio centenar de organizaciones y operadores de infraestructuras críticas, todos de origen estadounidense, para ayudar a levantar un muro de defensa antes de que los hackers encuentren la forma de explotar las debilidades de los sistemas informáticos. Estas compañías, entre las que se encuentran Apple, Amazon, Microsoft, Nvidia y JP Morgan, trabajan para desarrollar soluciones de seguridad para taponar las brechas detectadas por esta amenaza. Por su parte, el Banco Central Europeo ha demandado a las entidades financieras de la zona del euro que detallen sus planes de contingencia y las vulnerabilidades en ciberseguridad que detecten en sus sistemas.Anthropic cuenta con un arma que si cae en las malas manos, tiene el potencial de destruirlo todo. Mythos es un modelo de IA que en un principio tenía un carácter generalista, pero por su gran capacidad de trabajar y aprender ha ganado una enorme habilidad para escrutar las vulnerabilidades de los softwares utilizados como la defensa nacional, el suministro de energía o la digitalizada actividad bancaria.Hay preocupación, pero detrás del alarmismo de Mythos de Anthropic también se esconde una estrategia para crear demanda y alimentar el negocio. Las empresas y organismos públicos se pondrán a la cola de la empresa para solicitar acceso al modelo para poder blindar sus sistemas informáticos. Además, surge el dilema sobre si una empresa privada puede tener una herramienta tan potente capaz de desestabilizar gobiernos.No sabemos qué nuevas sorpresas nos dará la utilización sofisticada de la inteligencia artificial, pero es probable que surjan más. La reflexión inmediata no puede ser otra que clamar por la alianza de los países en el marco de las Naciones Unidas, para regular y exigir que la utilización de esta se realice en el seno de alianzas internacionales que preserven los intereses colectivos. Si únicamente son intereses empresariales o privados los que señalan la dirección de los progresos tecnológicos y su utilización, nos encontraremos, con certeza, con dificultades añadidas.Es posible que los cambios de estos tiempos convulsos originen desazón e intentos de frenar el avance de la IA, ya que esta puede generar mutaciones de gran calado en la vida de las personas, en el empleo o en las relaciones entre los diversos países. Pero como se ha señalado, al hablar de un ocaso de la civilización —inminente— se azuzan los miedos de la gente, a la que se le ofrece como solución la protección de unas élites cada vez más depredadoras, cuya vocación real es controlar el destino de todo lo que consideran suyo, que suele ser todo (Antonio Cazorla, 2026).