El pasado jueves 19 de marzo, en el Centro de Arte (antiguo BOD), el aclamado guitarrista Álvaro Segura dio el primer paso en su carrera en solitario con un concierto que fue mucho más que un espectáculo; fue una declaración estética titulada “Así lo veo yo”. El músico venezolano presentó un álbum que establece su propia perspectiva única dentro del rock, una forma de entenderlo y habitarlo sin concesiones. Quienes seguimos la trayectoria de Álvaro Segura (Un perfecto extraño, Solares, Shoe 3) sabíamos que su poderoso universo sonoro y poético, tarde o temprano, reclamaría su propio espacio. Y lo que vivimos el jueves justifica, canción a canción, su visión personal del rock and roll. Sin embargo, no hay solipsismo en su planteamiento; por el contrario, es enteramente una búsqueda honesta del otro. En ese sentido, me recuerda a George Harrison: un genio que no reafirmaba su narcisismo sino que se reconstruía dentro de una nueva comunidad de músicos. Álvaro sigue sus pasos: incluso en su debut en solitario, ensambla una banda —y no una banda cualquiera, quizás una de las más sólidas— en cuanto a virtuosismo y actitud— de la última década. Sí, vimos a un guitarrista en escena acompañado de una banda real, compacta, fiel al concepto que Segura ha ido construyendo en sus redes sociales como prólogo de algo que, mucho más que un disco, nos permitirá entender su filosofía de sonido. Y es justo decir que “Así lo veo yo” no es solo una vuelta al rock and roll crudo, sin adornos; es también un manifiesto, una defensa del arte. Cada tema parece sostener una idea, una imagen, un paradigma que no se agota ni en la estridencia ni en la armonía. La presentación del jueves fue un evento genuino, concebido dramáticamente, permeado de visuales en constante tensión: violencia y lirismo, metafísica y deseo, estética y caos. Pero, sobre todo, fue la vivencia de entender a un artista desde el lugar mismo de la expresión. Durante más de una hora de canciones ininterrumpidas, el público se embarcó en un viaje donde se dejaron entrever ecos del blues y del rock progresivo, donde fue palpable la potencia del heavy metal y la intensidad de lo oscuro. Toda la cultura de un guitarrista magistral, audaz y disruptor se desplegó en todo su esplendor. Como era de esperarse, los riffs dominaron la atmósfera, acompañando la voz de Segura: áspera, delicada y singularmente melódica. Dicho sea de paso, una voz que no resulta del todo desconocida, pues ocupó un rol secundario en el repertorio de [no claro - posiblemente "la banda"]. Z3 Mientras se afianzaba como guitarrista líder y compositor de la legendaria banda, el concierto estuvo marcado por el poder hipnótico y la maravilla de los temas nuevos —“Virgen de escarcha”, “Hazme daño” y “Respuestas”, esta última con la participación de los raperos Bosta Brain y Tony Blaze— y por la celebración de revisitar sus propias composiciones como “Náuseas nocturnas”, “Pienso perdonarte” y “Dios” en sus versiones únicas: una suerte de regresión, como si estuviéramos en un garaje de los noventa donde todo estaba por empezar. Honestidad, riesgo y obsesión estética son las coordenadas de “Así lo veo yo”. Dentro de ellas se mueve una poesía beat, nacida de la brevedad, el erotismo y las heridas existenciales, demostrando que dentro de toda violencia sónica coexisten ternura, armonía y esa insistencia —cada vez más rara hoy— de tocar la vida a través del arte. Álvaro debuta como solista, entregando un disco y un show donde no hubo ni hay cabida para la melancolía ni la repetición: más que trascender Shoe 3, Segura se ha trascendido a sí mismo.