Gustavo Ávila evoca el triunfo de Victoreado en 1966: “Mi caballo fue un valiente”
Gustavo Ávila, estudiante que dejó las aulas de bachillerato para hacerse jockey, y Victoreado, caballo alazán hijo de un padrote argentino, nacido con muy baja estampa de purasangre, formaron una pareja perfecta. Ambos se acoplaron de lo mejor. Tanto que rompieron todos los pronósticos y ganaron, gracias a la pericia del jinete y a una épica atropellada del subestimado ejemplar, la primera edición del Clásico Internacional del Caribe. Un triunfo que puso a vibrar a la Venezuela del siglo pasado.