El derecho a vivir en paz
El monstruo de los pantanos naranjas ha decidido decir lo que sus héroes de dibujos animados han estado repitiendo durante décadas, al menos en este mundo eurocéntrico expandido en tiempo cibernético y atómico. Ahora también hipersónico. “Mañana desaparecerá una civilización entera”. Lo pensaron en la isla de Epstein. Mundo de arte pop de los Illuminati. Incluso el sonido de los golpes se lee. Entendieron… Parece que nos habla la vox populi, sin filtros. Está en un western y está recibiendo una paliza secular de la antigua civilización de los ayatolás persas. Los gringos, en su conquista americana por diligencias, rifles y revólveres Smith & Wesson, en una caza salvaje de cuáqueros, el lumpenproletariado inglés, para conquistar parte del territorio norteamericano, exterminaron a toda su población nativa en un genocidio sin precedentes. Esa práctica sigue viva en su historia profunda como estado-nación. Vaquero por delante, y por otro lado, la simplificación del duelo, un enfrentamiento entre dos para resolver cualquier asunto, en fases implícitas de desacuerdo cuando todo lo demás falla. El duelo, en diatriba entre bandos opuestos, incluso como se hacía en los tiempos del ancien régime. Ahora, salvaje y brutal. Quien dé el primer golpe, y aparentemente, sin ninguna buena razón.