Liberalismo contra la desigualdad
En nuestras democracias va en aumento un sentimiento de injusticia que amenaza sus principios. Los pueblos ven cómo crecen las desigualdades, sobre todo con la aparición de una nueva casta de superricos. Las diferencias de ingresos se han vuelto indescriptibles y poco legítimas entre un grupúsculo de multimillonarios y el conjunto de la población. Es cierto que siempre han existido desigualdades, pero eran menos visibles; cuando se volvían demasiado escandalosas conducían a revoluciones que eliminaron las aristocracias para dar paso a parlamentos que adoptaron políticas fiscales radicales. ¿Estamos en vísperas de una revolución de este tipo? No es impensable. Esta perspectiva preocupa a los propios superricos. Así, en Silicon Valley, refugio de esta superriqueza, los directivos de las empresas de inteligencia artificial se preocupan por su estatus social y por si el pueblo estadounidense aceptará o no su prosperidad. Además, la inteligencia artificial hace temer que se supriman numerosos puestos de trabajo, en particular en las clases medias, las más informadas y capacitadas para cuestionar la democracia y el capitalismo.