Springsteen contra Trump
Bob Dylan, el más talentoso y también el más listo, escapó espantado cuando la izquierda quiso convertirlo en hombre-pancarta tras escribir algunas canciones protesta. Se hizo eléctrico, psicodélico, moderno –y drogota– y se ganó la furia de la progresía. En 1965, se presentó con su flamante versión de gato erizado en el Festival de Newport, la meca de los cantautores de monserga y guitarra de palo. El cabreo fue tal que el santón folk Pete Seeger gritaba desesperado: «¡Dadme un hacha y le corto el cable!». Seeger no había entendido que los tiempos estaban cambiando. Siempre están cambiando. Aunque las pasiones humanas son exactamente las mismas: amor, odio, sexo y codicia, y al fondo, la infinita paciencia de Dios.