El espíritu del modelo concesionario y el futuro de la industria de los hidrocarburos
El 29 de enero, Venezuela vivió un giro legislativo de magnitud tectónica respecto al futuro de su sector de hidrocarburos. La Asamblea Nacional aprobó una nueva ley petrolera que rompe, en los hechos, con la tradición de control estatal rígido instaurada tras 1976, abriendo la participación a empresas petroleras privadas a lo largo de toda la cadena de valor. No es el primer experimento con participación privada desde la nacionalización, pero sí el intento más claro desde la Apertura de los años noventa por normalizarla como marco rector del sector. La legislación, aprobada con una rapidez y opacidad llamativas, ha generado reacciones encontradas: desde denuncias por una supuesta pérdida de soberanía y una entrega a intereses extranjeros, hasta apoyos que la ven como un primer paso en la dirección correcta, aunque aún requiere correcciones de fondo. Pese a estas divergencias, una cosa es clara: el retorno de las compañías privadas al sector petrolero venezolano revive inevitablemente paralelos con el sistema concesionario bajo el cual la industria nació y prosperó entre 1914 y 1976, un espejo de lo que el sector energético venezolano podría llegar a ser en el siglo XXI.