Del excremento del diablo al oro intelectual
Durante más de un siglo, Venezuela creyó que su destino estaba escrito bajo la tierra. El 31 de julio de 1914, cuando en el pozo Zumaque I brotó petróleo en la cuenca del Lago de Maracaibo, no solo comenzó la era petrolera: nació una forma de entender la riqueza, el poder y el futuro nacional. Desde entonces, el país aprendió a mirar hacia el subsuelo en busca de respuestas, operando bajo la lógica de que cada barril extraído era una promesa de progreso. Sin embargo, esa misma riqueza que nos proyectó al mundo también sembró una dependencia profunda que terminaría definiendo todas nuestras crisis.