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Jeans usados a 15 dólares
La sostenibilidad es un concepto que debería integrar no solo el cuidado ambiental, el impacto social, la gobernanza responsable y la viabilidad financiera, sino también la medición y el reporte del valor social creado. En el Centro de Sostenibilidad de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York se utiliza la herramienta Retorno de la Inversión en Sostenibilidad (ROSI), que permite cuantificar, con datos concretos, el valor social generado por un proyecto de sostenibilidad. Esta metodología no es un adorno académico: es un instrumento indispensable para tomar decisiones informadas, atraer financiamiento y optimizar recursos. En Venezuela, sin embargo, este enfoque —desarrollado hace más de treinta años— aún no se incorpora de manera sistemática en sus instituciones educativas y de adiestramiento. La sostenibilidad suele promoverse con entusiasmo, pero sin las herramientas necesarias para medir su impacto real. Esto genera una brecha evidente entre lo que se proclama y lo que efectivamente se logra. En julio de 2021, en pleno contexto de hiperinflación, dos estudiantes de una reconocida universidad venezolana presentaron una tesis sobre la venta de jeans usados, cuyo objetivo era evaluar su factibilidad técnica y financiera. El escenario inicial planteaba vender 9.088 jeans usados el primer año, con un crecimiento interanual moderado, a un precio de 10 dólares. Bajo esas premisas, el valor presente neto resultaba negativo. Para alcanzar la factibilidad financiera buscada, los autores ajustaron el precio a 15 dólares y la demanda a 13.632 unidades, logrando así un valor presente neto positivo. Conviene recordar que la relación entre inflación y tipo de cambio es estrecha y que, aunque el proyecto de vender jeans usados estaba expresado en dólares, la demanda real estaba, mayoritariamente, en bolívares. Aun así, el proyecto fue considerado como rentable. Sin embargo, al analizar sus supuestos desde la realidad económica del país, surgen dudas razonables sobre su viabilidad. Con una inflación rondando el 2.000% anual (dos mil por ciento) y un sueldo mínimo, valorado a tasa de cambio oficial, en 2,47 dólares (mayo 2021) ¿era realista esperar que un consumidor promedio pagara 15 dólares por un jean usado? Retomando la frase de Warren Buffett: “precio es lo que pagas, valor es lo que recibes”, cabe preguntarse si ese precio reflejaba el valor percibido de un jean usado por los consumidores. Hoy, con una inflación cercana al 700% anual según Steve Hanke, es posible encontrar en Venezuela jeans vendidos como “nuevos” por apenas 3 dólares. Desde la perspectiva de un comerciante, el contraste es aun más evidente. Actualmente —y también en aquel entonces— es posible adquirir en China jeans usados por 1 dólar o menos. El costo total unitario para importar 13.000 jeans usados a Venezuela, incluyendo flete, seguro, aranceles, impuestos y aduana, puede rondar los 1,52 dólares por unidad. Vendidos a 3 dólares, la ganancia bruta sería de 1,48 dólares por jean, sin necesidad de tanta sofisticación financiera. Si la venta de jeans se hubiera implementado, el consumidor podría preguntarse: ¿qué justificación tengo para pagar 15 dólares por un jean usado, cuando existen alternativas a 3 dólares? El caso es que la tesis no ofrece evidencia suficiente para responder esta pregunta, pese a lo cual obtuvo una mención honorífica. Una conclusión razonable es que la propuesta estaba desconectada de la realidad económica y social del país. ROSI permite ir más allá de la rentabilidad financiera tradicional y medir el valor social creado por un proyecto. En el caso de la venta de jeans usados, ROSI permite cuantificar los ahorros asociados a la disposición de prendas usadas y los ahorros asociados a los costos de producir una nueva prenda, pero también mostraría que venderlas a un precio tan elevado —15 dólares— supone un altísimo costo de oportunidad para el comprador. Este hallazgo evidencia la importancia de evaluar rigurosamente el impacto social para evitar que iniciativas bien intencionadas terminen siendo insostenibles o incluso perjudiciales para la comunidad. En Venezuela, la sostenibilidad carece de métricas transparentes para medir el valor social real, lo que afecta la credibilidad de proyectos e instituciones y facilita que el concepto se utilice como herramienta de promoción de imagen más que como instrumento de transformación. En consecuencia, es fundamental incorporar herramientas como ROSI y análisis económicos que consideren el contexto real de la demanda, así como actualizar la formación académica en metodologías de evaluación, para desarrollar proyectos sostenibles, verificables y confiables que respondan a las necesidades del país. Mientras nuestras instituciones sigan postergando la actualización de sus enfoques, continuaremos viendo proyectos que, pese a su buen propósito, no lograrán ser sostenibles en virtud de que en la realidad —que no en papel— no son verdaderamente rentables: es la primera ley de la sostenibilidad.
hace 6 meses











