tech
abril 2, 2026
Hay películas que se atraviesan
Hay películas que se ven. Otras, en cambio, se atraviesan. No por su complejidad formal ni por la densidad de su relato, sino porque lo que muestran no nos es ajeno. Aún es de noche en Caracas pertenece a esta última categoría: no es una obra que se contemple con distancia crítica, sino una experiencia que se reconoce —y, en muchos casos, se padece.

TL;DR
- La película "Aún es de noche en Caracas" es una experiencia incómoda que provoca reconocimiento y padecimiento, no una contemplación a distancia.
- Aborda una historia dura y un relato que aún no ha terminado de convertirse en pasado, provocando diferentes reacciones en los espectadores según su conexión personal.
- A pesar de su circulación internacional, la película llega a Venezuela a través de Netflix, permitiendo su visionado a los venezolanos, aunque sin la experiencia compartida de una sala de cine.
- La obra se basa en "La hija de la española" de Karina Sainz Borgo y explora la memoria no siempre como refugio, sino a veces como una interrupción dolorosa.
- La reconstrucción visual de Caracas se filmó en México debido a la imposibilidad de hacerlo en la capital venezolana, reforzando su carácter de reconstrucción emocional.
- La película acumula violencia, duelo, desplazamiento y miedo, creando una densidad de experiencia difícil de esquivar.
- Se evidencia una tensión sobre la legitimidad de la obra por parte de discursos institucionales, reflejando la dificultad de aceptar aquello que no encaja en ciertas visiones de la realidad.
- La película incomoda porque no ofrece salidas fáciles, suaviza lo que muestra ni evita forzar al espectador a reconocerse en lo que ocurre en pantalla, invitando a un cambio interior.